Al Desierto

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Al Desierto

Mensaje por Panterauno el Dom Mayo 23 2010, 17:55

"Cuando el faraón oyó acerca de este hecho, procuro matar a Moisés; pero Moisés huyó de la presencia del faraón y habitó en la tierra de Madián. Allí se sentó junto a un pozo" Éxodo 2:152-53

No es difícil creer que fue Dios mismo el que conmovió el corazón de Moisés frente a la injusticia que sufrían los israelitas en manos de los egipcios. La sensibilidad a las cosas espirituales que le habían impartido sus padres no se había perdido durante los años en la corte del faraón. No obstante, Moisés no había aun aprendido la lección crucial: los planes de Dios no se pueden implementar con métodos humanos, tal como lo expreso muchos siglos mas tarde el apóstol Santiago: "La ira del hombre no obra la justicia de Dios" (1.20)
Para que Moisés pudiera aprende esta valiosa lección, era necesario que fuera a la escuela del desierto. Había en él demasiada confianza en sus propias fuerzas para que le fuera útil a los propósitos del Señor, y Dios debía tratar profundamente con su vida. Allí, pues, paso largos años. El fuego y el celo que le habían llevado a asesinar a un hombre, lentamente se disiparon quedando en su lugar la vida apaciguada y sencilla de un pastor de ovejas. Recién cuando hubo desaparecido en él todo anhelo y sueño. volvió Dios a visitarlo con la misión de liberar al pueblo de esclavitud en Egipto.
Piense en lo extraño de los caminos de Dios: cuando Moisés quería servirle, él no se lo permitió. Y cuando el profeta ya no quería servirlo, ¡Dios se lo exigió! La razón es que Dios no pone acento sobre nuestras acciones, sino en la clase de personas que somos.
El gran evangelista Dwight Moody alguna vez comentó de Moisés: "Durante los primeros 40 años de vida, él pensó que era una persona importante. Durante los siguientes 40 años de vida, aprendió que en realidad no era nadie. Durante los últimos 40 años de vida, vio lo que Dios puede hacer con un nadie"
Esta es una lección que todos tenemos que aprender. Dios no necesita nuestros planes, ni de nuestras habilidades, ni de nuestros esfuerzos.Ni siquiera necesita de nuestra pasión, como tuvo que descubrir el apóstol Pedro. Lo que necesita es simplemente que nos pongamos en sus manos, para que él dirija nuestras vidas, señalando en el camino las actitudes y el comportamiento que él pretende de nosotros. Esta clase de entrega es la mas le cuesta al ser humano, por que tenemos nuestros propios conceptos acerca de cómo es la mejor manera de agradar a Dios.
Cunado planificamos, es tentador pedir que Dios bendiga nuestros esfuerzos. Es mucho mas difícil esperar en él, para moverse solamente cuando él lo manda. No debemos perder de vista, sin embargo, que el hombre que vive completamente entregado a Dios, es la herramienta mas poderosa que existe.

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